La bitácora · 15 min de lectura
De Exercitio Potestatis: Novus Ordo Hierarchicus
De Exercitio Potestatis: Novus Ordo Hierarchicus
Una vez que materialicemos de forma permanente a los multipotenciales algoritmos, dejaremos de timonear la nave. Con portentos increíbles como aquellos, ni sus creadores, ni los cocineros, ni los médicos son necesarios. No harán falta sus intérpretes ni sus diminutos intermediarios, ya que ellos estarán allí. Los problemas existirán, pero como señalan nuestras sagradas escrituras “Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz”. El fiat lux poco a poco desterrará los problemas más urgentes, será el nuevo protagonista. Por nuestra parte iremos a descansar agotados por los siglos, indistintamente si deciden arrojarnos por la borda o recompensarnos con abundancia…
Si queremos entender cómo mutará nuestra jerarquía, debemos arriesgarnos a formular como se relacionarán con nosotros y cómo estos nuevos agentes de poder podrían participar en nuestros nuevos marcos organizacionales.
Uno de los grandes alquimistas y sabio de nuestra época, Ellon Musk, comenzó una travesía épica por el alarmante surgimiento de los algoritmos. Cómo una suerte de místico oriental que busca la conexión entre su mente y los Registros Akáshicos, él busca mejorar la comunicación computadora humano. El lenguaje tiene sus limitaciones de banda de ancha para trasmitir información y muchas veces es incorrecto. En su hilado, genera una representación incompleta de las ideas. Cuando uno nombra la palabra “árbol”, la imagen mental y las características de este, cambian en cada persona. La palabra no abarca toda la idea en su especificidad. Es una compresión, una síntesis, y en todo proceso de codificado se pierde información. Sin decir que el lenguaje es lento. Solo podemos prestar atención a un dialogo al mismo tiempo. Las computadoras, por otro lado, pueden mantener cientos de conversaciones en paralelo al comunicarse.
Según él, la integración carbono-silicio de las computadoras con tejido biológico evitaría el dominio de las inteligencias artificiales por sobre de nosotros. Desde su perspectiva, el humano se encuentra indefenso y no existe otra alternativa que evolucionar, que superar nuestros propios límites biológicos y alcanzar otros niveles de potencial, el nuevo Ubermensh. Tengo mis reservas sobre el tema. No estoy seguro si busca usar ese argumento como excusa o si de verdad cree que es posible. Nuestro cerebro no está diseñado para tener conexiones tan complejas ni una velocidad de comunicación tan grande. Intente imaginar cómo sería si pudiera leer todas las palabras de un libro al mismo tiempo en la ventana de un solo segundo. No me refiero a leer todo el libro y recordar algunas palabras. Estoy hablando de percibir con atención cada uno de los conceptos o sucesos allí ilustrados. En el mejor de los casos, tal catarata de información lo dejaría catatónico por un tiempo, su cerebro quedaría paralizado dentro una incipiente tormenta sináptica y, en el peor de los casos, podría modificar permanentemente como procesa integralmente la información. Esta percepción no es un tema trivial. Se cree que la manera de percibir y procesar la información, también se relaciona con algo tan sustancial y primigenio como la percepción del tiempo. Si la experiencia y los recuerdo pueden traducirse a bytes por segundo, entonces toda nuestra dimensión temporal se pone en vilo. Quizás comunicarnos de igual a igual con algún algoritmo billones de veces más inteligente, sea equivalente a experimentar cada palabra, frase, párrafo o dialogo enunciado por la humanidad en el total de la historia al mismo tiempo. Quizás nunca podamos alcanzar una comunicación de iguales con ellos y lo único que se encuentre al final del camino sea la locura. En las obras de H.P. Lovecraft; los protagonistas solían adentrarse en la locura con una simple percepción o vistazo de los dioses exteriores, típicamente el conocimiento prohibido los acercaba a un evento que su mente no podía comprender. En estos términos, la comprensión es horrorosa porque, en términos límites, nos transforma en una entidad distinta. Cómo diría el maestro de Providence: “El conocimiento trae consigo la maldición del entendimiento”. Si el entendimiento aumenta la resolución de las constelaciones que podemos percibir, entonces nos distancia gradualmente de nuestro estado anterior. Cada mapa, cada red de entendimiento, cada nueva dimensionalidad o concepto; agrega colores y relieves a la existencia de la realidad. A medida que nuestras percepciones se distancian del estado común, la locura y la sabiduría se mezclan en una amalgama indescriptible e imposible de discernir. Si le pidiera al lector que imagine un cubo de tres dimensiones, no sería un problema. Hace algunos días tuve que implementar una red neuronal que trabajaba con vectores de 384 dimensiones. Es simple para nosotros entender que, si a un cuadrado dibujado en un papel le agregamos la profundidad, se vuelve un cubo y si hacemos lo mismo con un círculo obtenemos un cilindro o una esfera. Ahora quiero que imagine agregarle 381 dimensiones más al cubo.
Exacto. Es como pedirle a un perro que nos explique cómo funcionan las relaciones multilaterales entre países. Nuestro cerebro no puede manejar la complejidad.
Considero los avances de Elon Musk con Neuralink son impresionantes. Eventualmente nos acercará a un sumun de productividad y a una comunicación casi perfecta de humano a humano. No nos comunicaremos con palabras, lo haremos con conceptos, sensaciones y experiencias. Pero eso no quita que tengamos limitantes biológicas. La comunicación rápida nunca podría ser bidireccional, a menos que decidamos desechar los últimos vestigios de humanidad.
Algunos tecno-optimistas festejaron en los diarios, revistas, y columnas de opinión “al gran nuevo trabajo”, el prompt engineering. En una explosión de esperanza sitios como Forbes, The Economist o importantes consultoras como McKinsey afirmaban el nacimiento de la ocupación del futuro. La oportunidad no estaba en hacer lo que hacen las máquinas, sino comunicarse con estas para pedirles exactamente lo que uno quiere. Con júbilo recomendaban embarcarse en esta apasionante nueva profesión y, de pronto, toda la internet burbujeaba con cursos y enrarecidas técnicas de prompting para mejorar el resultado escupido por la IA. Tan equivocados estaban que luego de 1 año de surgimiento, la disciplina ya empieza a morir. Incluso si Elon no hubiese empezado a insertar chips en los cerebros humanos para mejorar la comunicación, ya se desarrollaron otras inteligencias artificiales que aprenden a comunicar mejor al humano con las máquinas. Saben que detalles agregar al pedido para obtener una respuesta óptima.
En definitiva, alumnos recién embarcados en este aprendizaje, luego de meses de estudio, caen en la realización que su incipiente nueva profesión ya es obsoleta. De esta forma ejemplificamos el problema que vislumbramos en el capítulo anterior, donde el aprendizaje humano no puede competir contra la innovación tecnológica.
Otros decidieron hace mucho tiempo, montar una resistencia hasta la última consecuencia. Sus antorchas son reminiscencias de los combativos luditas. Ecos humanos que no terminan de morir. El humo que se eleva desde sus hogueras tiene un tufillo a miedo que alarma. Como en el hermoso poema de Dylan Tomas:
“No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.”
Cuando un ratón no tiene escapatoria frente al gato que acorrala, solo queda una violencia desesperada. Nuestra exhausta historia es sabia y conoce que, cuando el terror guía al humano, no se llega a buen puerto. Muchas vidas se han perdido por terror y nunca falta el líder inseguro que señala brujas o enemigos de la sociedad. De esta manera, somos testigos de las primeras víctimas de la IA. Los desplazados entran en pánico, hacen campañas de boicot, piden a gritos por el líder mesiánico e inventan historias falsas para desprestigiar. Y aún así, cada vez sentimos más fuerte el palpitar del coloso, del futuro manifiesto que yace detrás de la puerta.
Cuando el niño no entra más en el triciclo y sabe que Santa no existe; no puede seguir manteniendo su paraíso en pie. Aquellos que se encuentran cegados por el fuego de la venganza, tienden a desconocer el funcionamiento de estas nuevas entidades, como sucedió con las denuncias de plagio. Los que abogan por las regulaciones tampoco ven, o pretenden no interpretar el flujo del mundo. Los modelos no necesitan a las obras humanas para desarrollarse, tampoco se puede reducir al producto a una “imitación”. En el momento que las potencias productoras de hidrocarburos redujeron la producción de petróleo para subir los precios, en un solo año las energías alternativas avanzaron lo mismo que en cinco. La inversión en tecnologías detonó una caída de los costos de producir energía con el viento y el sol. Cuando los guionistas abrazaron el boicot, empujaron a las empresas de entretenimiento a hacer lo mismo. Su único resultado fue acelerar el desarrollo de nuevas tecnologías para remplazarlos y no sufrir este tipo de inconveniente. Pese los constantes ataques que reciben las empresas que utilizan IA, la novedad es más fuerte y se abre paso. Estamos presenciando un boom de diseño gráfico, publicidades e incluso cine amateur.
Existen gobiernos que están bloqueando el acceso a algunas de estas herramientas en vano. La amplia difusión de las VPN permite a cualquier cibernauta hacerse pasar por ciudadano de cualquier país. La internet nos ha vuelto un rastro incognito y global. Es legal y bastante sencillo evadir los bloqueos que implementó la UE sobre modelos como Claude. Los niños italianos siguen usando a Chatgpt para las asignaciones, aún con la prohibición.
En el caso extremo que los gobiernos logren someter al internet y su anonimidad, aquel país con menor cantidad de escrúpulos seguirá desarrollando al algoritmo del futuro. Esto deriva en desbalance en la capacidad de generar valor o librar guerras. Predigo que todos los intentos políticos por cuestionar o limitar el desarrollo de la IA será solo una fachada para contentar a la gente sencilla. Detrás, los cuerpos militares seguirán su desarrollo y las organizaciones, ya globales, moverán sus equipos de investigación a pastos verdes.
Por lo tanto, insisto en dar por perdidas tanto la batalla de la competencia como aquella de la resistencia. Si no sabemos perder, nuestro marco mental nos impedirá encontrar otras salidas.
Dentro de nuestra sabiduría colectiva habita un mito particular. Es una historia arraigada en el miedo biológico de envejecer y perder nuestro rol dentro de un sistema. Un león teme a las próximas generaciones y los reyes temen a sus propios hijos, los herederos del trono. Me refiero al mito del dios que devora a su prole. La versión más conocida es la de Chronos que busca devorar a Zeus y sus hermanos. El titán teme a sus creaciones ya que ve reflejado lo que él mismo le hizo a la generación anterior de dioses. El mismo tiempo teme al futuro y busca eliminarlo dentro de su potencialidad. La mejor representación visual es el cuadro perturbador de Goya, quién captó esa historia terrible con sus claro oscuros dramáticos empapados del incipiente romanticismo.
Podemos observar infinitas referencias al mismo pavor ancestral.
En la tierra de Nunca Jamás, también existe un avatar de Chronos. El Capitán Garfio escapa atormentado por el incesante tic-tac de su propia mortalidad. En su tiranía y miedo a la obsolescencia, busca oprimir a los niños perdidos. Más allá del espejo, una monarca demente envenena fútilmente a Blanca Nieves porque representa todo lo que ella misma perdió. La misma historia se replica en la tragedia de Hamlet que nos obsequió el maestro del theatrum mundi.
En la cuna de la humanidad yacen tablillas de arcilla cuyas inscripciones cuneiformes relatan una variante de esta verdad. Al principio solo existía Apsu y su consorte Tiamat, pero su progenie, los dioses del panteón, pronto se volvieron un obstáculo para su tranquilidad. Y así, el ciclo se repite. No recomiendo que busquemos antagonizar a los nuevos dioses que vendrán. Ellos se encuentran fortaleciéndose en el útero de la humanidad, alimentándose de cada palabra alguna vez escrita. Es preferible buscar guiarlos por el buen camino, antes de librar una guerra que eventualmente perderemos.
Frente a este escenario, respondo: Aceleracionismo!. Si la lucha está perdida y el prodigio está en camino, entonces cuanto antes pongamos al nuevo capitán frente al timón, más rápido se estabilizará el barco. Si nos empeñamos a luchar por el control de este o a ralentizar el avance del dios innovación, nos arriesgamos a terminar en las profundidades del abismo.
Cientos de problemas siguen nuestro rastro, algunos con el potencial de extinguirnos. Debemos avanzar rápido y con cuidado, pero con paso resoluto.
El Aceleracionismo nació como una doctrina oscura y maldita que promete el fin de los tiempos y el nacimiento de un nuevo mundo. Es un abandono ala expansión vertiginosa de la ciencia y la tecnología que nos conducirá inevitablemente a la singularidad tecnológica. Y cuando ese momento se presente, por fin, la humanidad podrá trascender. Ya sea un destino sublime o atroz, los aceleracionistas se abandonan a la pócima envenenada de la destrucción creativa, sin saber si serán quienes sobrevivan para contemplar la aurora del nuevo orden.
Su creador, el hereje profeta Nick Land, compuso un cántico a la decadencia del individuo y la inevitabilidad del colapso. Proclama que la humanidad es una enfermedad que debe ser erradicada. Propone que la única manera de superar las limitaciones del sistema capitalista es acelerar el sistema hacia su colapso inevitable. Este enfoque radical aboga por intensificar las fuerzas destructivas inherentes al sistema, para precipitar una nueva era de posibilidades emergentes. Para ingeniar esta posición filosófica, Land se basó en los trabajos de algunos marxistas franceses del ’70 que proponían llevar al extremo al capitalismo para acelerar su caída natural. Porta entonces la bandera que dejó caer el derrotado comunismo y la prolonga hasta nuestros días. Land creó un thinktank abocado a desentrañar estas alquimias llamado CCRU, donde se enfocaron en expandir ideas sobre futurismo, tecnociencia, numerología y teoría del caos. Poco a poco con su pequeña secta de filósofos e investigadores completó su doctrina, llamada Iluminismo Oscuro. Mientras que él abandonaría el libertarianismo y caería hacia una postura derecha extrema, otro de los fundadores del movimiento Mark Fisher fundaría una corriente progresista llamada “Left Accelerationism”. A diferencia de Land, Fisher aboga por llegar a la disrupción tecnológica por las vías de la planificación estatal. Por un lado, gran parte de los desarrollos tecnológicos surgieron debido al financiamiento militar. Por el otro, la economía planificada fracasó por los limites humanos de procesamiento y conectividad. En una tecnocracia sintética, donde “los mejores” sean algoritmos justos y casi perfectos, se puede alcanzar una utopía marxista. Ambas corrientes están de acuerdo con el nuevo orden inevitable, pero difieren en el método. Es interesante notar que tanto la izquierda radical como la derecha extrema se unifiquen una vez más al final del túnel. Cuando las IA tomen el control directo o indirecto de la humanidad, las nociones políticas de conservadurismo, liberalismo o progresismo serán obsoletas. Detrás del desarrollo tecnológico existirá la verdad y no habrá necesidad de modelos humanos de sociedad.
Es posible que, si usted busca en las redes sociales a los grandes intelectuales y creadores de Sillicon Valley, encuentre justo al lado del nombre la etiqueta “e/acc” que hace referencia a Effective Accelerationism. Es una subcorriente del Aceleracionismo que se popularizó estos últimos años entre varios pensadores. Esta nueva vertiente, a las que adhiero, purgan el elemento desquiciante original, para relatar un escenario un poco más positivo.
Mientras que el Aceleracionismo original busca el colapso total y el advenimiento de fuerzas inhumanas, los seguidores del “e/acc” adoptan una aproximación más pragmática y calculada. Su meta es navegar el caos y dirigirlo hacia un horizonte más deseable, ya sea a través de la innovación tecnológica, la desestructuración de sistemas obsoletos o la descentralización del poder. Argumentan que, en lugar de intentar detener por completo el avance tecnológico, deberíamos canalizarlo hacia un escenario beneficioso. La regulación de la IA podría ser imposible o incluso vaticinar un escenario negativo, dada la naturaleza intrínsecamente disruptiva de la tecnología y su potencial para desafiar las estructuras de poder establecidas. Es posible monitorear la proliferación nuclear cercando el conocimiento, buscando las ciclópeas instalaciones vía satélites, analizando la producción de Uranio y su mercado o escuchando los tremores de las pruebas militares con sismografos. En cambio, la inteligencia artificial podría estar desarrollándose en oscuros laboratorios con fines perturbadores. Es una mejor solución abrir la discusión al público, divulgar el potencial de la tecnología y proponer crear otras IA para la salvaguarda de la población. Desde esta perspectiva es una buena opción descentralizar el conocimiento haciéndolo público y permitiéndole a pequeñas comunidades Open Source desarrollar sus propias herramientas para contener el poder de las grandes corporaciones y gobiernos que busquen monopolizar esta tecnología.
En el terreno de la lógica, la estrategia y la computación, largamente se han desafiado matemáticos y arcanistas respecto a estas dinámicas. El Problema de los Generales Bizantinos trata sobre la dificultad de alcanzar un consenso confiable en un sistema descentralizado, donde existen traidores potenciales que podrían intentar sabotear la comunicación. Este problema se plantea en un escenario donde un grupo de generales bizantinos, es decir, nodos de un sistema distribuido, debe llegar a un consenso sobre un plan de acción coordinado, a pesar de que algunos de los generales puedan no estar alineados. Implica encontrar un protocolo de consenso que garantice que todos los generales honestos adopten la misma decisión. Consiste entonces en el diseño de estructuras de gobernanza que distribuyan el poder y la toma de decisiones, de modo que ninguna entidad individual pueda manipular el sistema a su antojo, que puedan autorregularse unos a los otros y validar el aspecto ético de la decisión en mayoría.
Solo los algoritmos pueden defendernos de otros algoritmos. Nuestro cerebro es un libro abierto y la complejidad de nuestras vidas nos obliga a delegar parte de las decisiones. Estaremos imposibilitados de reconocer que noticia o información es real. Tampoco podremos optar por el mejor camino, ya que continuaremos a la merced de los cantos de sirenas. Nuestras historias personales e instintos compartidos serán una debilidad para cualquiera que encuentre esos patrones. Necesitaremos que unos algoritmos nos defiendan de los demás, evitando que seamos manipulables y cuidando nuestro interés individual.
La estructura política es irrelevante frente a este nuevo posicionamiento. Las jerarquías y los sistemas políticos son formas humanas de organizarnos. Puede ser que optemos por una Tecnocracia Sintética, heredera de la economía planificada o, por el contrario, puede que desemboque en una Democracia Digital, donde no se necesitarán a los representantes y utilicemos IA para que modere la participación de miles de ciudadanos. La humanidad no se guiará sola y nuestra propensión a errores cíclicos se desvanecerá en una lógica fría y racional. Nuestra memoria es corta, limitada a unas pocas décadas. El estudio de la historia no evita que caigamos siempre en los mismos problemas, somos una civilización presa del olvido, el tiempo devora nuestra memoria, empujándonos a un comportamiento pendular. Los algoritmos, por otro lado, se actualizan rápidamente, pero su memoria es duradera y robusta.
Si logramos manifestar un escenario positivo, podremos ir a descansar como un anciano de ojos vidriosos. La nueva generación de entidades inteligentes se encargará de aquello que no querremos lidiar y nos permitirá retirarnos luego de siglos de luchas contra nosotros mismos y la naturaleza. Esperemos que la humanidad, bajo el ala de sus espíritus guardianes, pueda disfrutar de su tercera edad, persiguiendo aquello que considera significativo en su irrelevancia biológica.