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La bitácora · 14 min de lectura

De Exercitio Potestatis: Decadentia Hierarchiarum

De Exercitio Potestatis: Decadentia Hierarchiarum

En el teatro moderno existen dos estructuras principales: las democracias y las autocracias. Desde hace años ambos paradigmas están alejándose del comercio y de la cooperación global. En las democracias los partidos de izquierda socialista y de derecha conservadora cultivan nacionalismos nauseabundos que buscan regular la actividad económica. Salvo algunas excepciones de ambos lados, la mayoría vocifera la intervención estatal y el déficit público. La lenta muerte económica empuja causas nacionales vetustas sobre antiguos conflictos.

Las autocracias, incluso las que habían abrazado el mercado como China o Vietnam, ven con esperanza el cambio de poder mundial. Las potencias post Tratado de París están cansadas y agotadas. El terror de una crisis económica inminente debido a las deudas y los déficit, las obliga a efectuar una política de tierra arrasada con las tasas de interés que los protege al corto plazo pero salan el porvenir. La paz internacional ya no es un objetivo conjunto, y eso alienta a pequeños dictadores risueños con sed de grandeza.

Poderoso se ha vuelto el gran líder. A su lado palidecen las horrendas distopías del siglo XX. En China se implementó un sistema llamado “Sistema de Crédito Social”, donde cada individuo tiene asignado un puntaje. Si ese número cae lo suficiente, el individuo queda aislado de la sociedad. Trabajar, adquirir servicios o recibir ayuda social se vuelve imposible. He aquí el nuevo paria moderno, aquél que cae de la gracia del gobernante todopoderoso.

Debido a su mecánica de “contagio”, frecuentar a alguien con puntaje bajo, también bajará el puntaje propio. Implica que el resto de la sociedad los aísla sumidos en un terror gregario. Amigos, familiares o personas inherentemente buenas evitan ser ensuciados por la interacción con los parias. No es inaudito afirmar que se creó un nuevo sistema de castas. Es un nuevo credo donde el dios Estado puede asignar de forma intransigente puntajes a sus siervos. Como si esto fuera poco, todo el país cuenta con una creciente vigilancia por cámaras y una digitalización de la economía. En un parpadeo, el dios tirano ostenta una suerte de omnipresencia gracias a los algoritmos que diligentemente analizan los patrones de cada uno de los individuos. Éste es un tema triste y muy real. Será el destino de cualquier autocracia dictatorial que busque afianzar su sistema.

En las democracias modernas, las fuerzas del mercado han mejorado irremediablemente la calidad de vida de las personas. Resumiendo, es un sistema de trasmisión de información que se desarrolla de forma orgánica sin necesitar el señalamiento de un líder. Las democracias de mercado parten de la desconfianza tanto hacia los gobernantes y los otros agentes de la sociedad. La prosperidad de nuestros tiempos es resultado de alinear los incentivos de los actores de poder, con el objetivo de satisfacer las necesidades de los clientes. En este sistema no es necesario confiar en la buena predisposición de sus integrantes, una casta o un líder. Establece, mediante las instituciones, un contexto que favorece la negociación. Los agentes productivos buscan entregar servicios de mayor calidad a menor precio para ampliar el mercado y cosechar ganancias, que, por lo general, se invierten nuevamente casi en su totalidad. Aquellos que no logren entregar valor al cliente, deben buscar otra forma de agregar valor al prójimo. Al no salvar a las empresas deficitarias, truncando la selección natural de las organizaciones, las aguas no se estancan en su putrefacción. Es un entorno dinámico basado en la innovación y el cambio. El equilibrio surge del concepto de que “el cliente tiene la razón”. El consumidor vota constantemente. ¿Una empresa miente con sus probióticos? Se desploman sus ventas. ¿Las empresas de transporte aéreo intentan crear un monopolio para subir los márgenes? Surgen emprendimientos disruptivos que bajan los precios para los clientes. ¿Un grupo de países como la OPEP suben los precios de los combustibles fósiles? Prospera el desarrollo y la investigación de las energías alternativas. Los consumidores son el contrapeso del poder. Las nuevas tecnologías de las consecutivas revoluciones industriales empoderaron a una pujante clase media. Esta se abocó al tejido conocimientos especializados y al procesamiento de la información dentro de las organizaciones. Ellos consultaron libros, llenaron formularios y validaron estados contables. Este ciclo virtuoso permitió un número cada vez más amplio de clientes y un crecimiento productivo que absorbía a las nuevas generaciones. Sin embargo, no son todas buenas noticias. La gran fortaleza del capitalismo es también su gran vulnerabilidad. Nada impide que suelte la mano de consumidores y abandone a los especialistas en su afán de optimizar.

¿Qué sucedería si el consumidor no pudiese elegir libremente?

Imagine la siguiente situación: El local de café A tiene mejor calidad de productos y un mejor trato humano, pero el local de café B agrega una sustancia adictiva a sus productos sin concientizar previamente. ¿En qué dirección cree que se volteará el consumo?. Éste es el primer de los grandes problemas del sistema de libre empresa actual. Si bien estamos agradecidos de que el hambre en el mundo está desapareciendo rápidamente, también advertimos que las adicciones son la principal causa de muerte en los países que escapan de la pobreza. Algunas comidas son más letales que cualquier soldado enemigo. Las drogas más peligrosas son aquellas que la cultura no las considera como tal. Me refiero principalmente al alcohol, el azúcar y el cigarrillo. Aun así, no es lo que más debería aterrarnos por las noches. Las adicciones más esquivas son aquellas que no dependen de sustancias. Los videojuegos, el entretenimiento para adultos y las redes sociales están destrozando el mecanismo de recompensa biológico basado en la dopamina. Existe una epidemia rampante de depresión, de trastorno de atención y de otras enfermedades mentales. El entretenimiento como las redes sociales, los juegos con micro transacciones o material pornográfico, son cada vez más accesibles. Están irremediablemente dejando a la deriva a más de una generación. Las métricas son alarmantes y nos arrinconan. La optimización capitalista junto a sus potentes algoritmos logró “hackear” nuestro cerebro animal. Éstos recitan una abrumadora letanía, capaz de distorsionar el tiempo percibido. Son los nuevos conjuros de la inmediatez. Nos quitan la libertad de la que tanto nos jactamos y, de no encontrar una solución, nos hundirán en un placido sueño, esto será nuestro dulce féretro floral. Lo más terrible del capitalismo es que nos asesina mediante el placer. A diferencia de los antiguos regímenes del terror que nos atropellaban con el palo y eso nos permitía reaccionar y revelarnos, esta amenaza nos persigue silenciosamente, adormeciéndonos con un aroma dulzón. Nos empuja a ciclos frecuentes y repetitivos que borran nuestro presente. Se nos escapa la vida al no poder percibir el tiempo. Los algoritmos tienen un único mandato, un rezo que se repite hasta el hartazgo en cualquier empresa del sector tecnológico: “Debemos aumentar las métricas de engagement”. Dicho de otra forma, los modelos de machine learning están intentando sin descanso que gastemos más dinero en la menor cantidad de tiempo posible, mientras que deleguemos una porción mayor de nuestro tiempo dentro de su ecosistema. Huxley no estaba tan equivocado cuando propuso que el placer, y no el terror, sería el gran asesino de la humanidad.

Un cometa traza su silueta en la bóveda celeste. Es un aviso mudo y desesperado del porvenir. Todos reconocemos la importancia del augurio. Mientras algunos festejan el próximo paraíso bañados en la luz etérea del astro, otros intentamos mantener el hogar prendido. A veces es mejor suponer una noche larga. Nada nos asegura que el sol se alce como siempre.

En la novela “El Problema de los Tres Cuerpos” de Liu Cixin se plantea la hipótesis del granjero y los pavos. Este relato narra la historia de un granjero que siempre aparece a la misma hora para alimentar a las aves de corral. Con el tiempo, los pavos más inteligentes, tras un año de observación, llegan a la conclusión de que la presencia del granjero significa la llegada de comida. Confían en esta premisa y, llegado el día de Acción de Gracias, marchan juntos hacia el granjero, convencidos de que su presencia les asegura una cena abundante. Sin embargo, su confianza se ve traicionada cuando descubren que alguien más disfrutará del festín en su lugar.

Tuve el placer de leer y conocer gente que manejaba fondos de inversión como el gran exponente de la investigación cuantitativa, Marcos Lopez de Prado. Hay una verdad que se susurra por lo bajo entre los Quants, aquellos se dedican a tal esquiva arte utilizando estadística, matemática e IA. Si solo se cuenta con información pública y poco procesada, entonces es imposible predecir rendimientos futuros al mediano plazo utilizando los rendimientos pasados. Que algo haya sucedido en el pasado, no implica que el futuro continuaría en el mismo estado. Todos sabemos que, si tiramos una moneda miles de veces, el 50% de las veces obtendremos cara y el resto seca. Supongamos que otro día, nos encontramos en una estimulante cena con amigos. Decidimos hacer un experimento para mantener el sueño al margen y apostamos dinero en un juego de azar. Luego de tirar la moneda 10 veces, todas resultaron “cara” y previamente descartamos que la moneda esté saboteada. ¿Qué apostaría para la tirada número 11?

El humano tiende a considerar las 10 tiradas previas en su decisión. Puede que razone que el suceso continue con la inercia anterior, ya que desde la óptica frecuentista es lo más probable. Otros, asegurarían que esta vez saldría el resultado opuesto, ya que todos sabemos que al largo plazo “el promedio es 50%” y que la divergencia actual con el resultado teórico debería corregirse.

Sin embargo, ambos argumentos son intrascendentes. El sistema de la moneda no tiene memoria. No existe ningún karma o divinidad que vela por el balance universal del 50%. Tampoco existe un campo de energía etéreo que fuerce a la moneda a seguir la congruencia frecuentista. Se puede manifestar cualquier resultado con igual probabilidad.

Esta es la misma trampa que apresa a los optimistas acérrimos del porvenir. Debido a que las anteriores revoluciones tecnológicas fomentaron el bienestar, celebran “los nuevos empleos” y la nueva edad de oro capitalista que crearemos junto a la IA.

Personalmente imagino el futuro a largo plazo de forma positiva. Tengo mis reparos sobre lo que sucederá próximamente. Estoy observando cambios disruptivos en cuestión de meses. Se remplazan trabajos humanos en periodos de semanas y las nuevas generaciones no saben que deberían estudiar. Corrijo, nadie sabe que habilidad desarrollar. Los profesionales especializados tampoco sabemos el rumbo que tomará nuestro sector el año que viene. Antiguamente se suponía que estudiar programación aseguraba un futuro brillante. Se afirmó hasta el cansancio la importancia de aprender a pensar, desarrollar habilidades creativas o que cultivar un trato empático nos haría irremplazables frente a la marea de la automatización.

El imperio de la clase media que residía en brindar servicios, procesar y almacenar información, se escurre en nuestras manos. No importa cuantos paros hagan los guionistas de Hollywood, la cara de ofendidos que pongan los profesores o que los programadores evadamos la pregunta respecto a la futura automatización de nuestros empleos; la marea es irreversible y el mecanismo de optimización del mercado es ciego frente a nuestros caprichos. Aunque las potencias del mundo logren el consenso, resulta imposible aletargar este sisma histórico. Todo indica que existe una tendencia marcada. Los costos relacionados a los empleados están en caída. Si antes había que pagarle a un equipo de artistas para hacer una publicidad, hoy en día se puede tener cientos de ejemplares con un milésimo del costo original. Si antes se necesitaban departamentos de legales o contaduría, hoy en día, dichos departamentos ciclópeos tienen los pies de barro y su caminar endeble no llegará lejos. Actualmente se requiere una cantidad enorme de lideres intermedios para coordinar la infinidad de actividades diarias que completan los empleados. En el futuro los dueños interactuaran únicamente entre ellos y otro puñado de especialistas que mantengan supervisada la compleja red de bots. El Capitalismo, que todo lo optimiza, terminará por optimizar nuestra ineficiente interfaz biológica.

¿Qué sucedería si el proceso de optimización sumerge en la más profunda irrelevancia a la gran mayoría de sus protagonistas?

Algunos avispados saldrán aireados asumiendo que la nueva productividad dará lugar a la utopía socialista, un paraíso terrenal. Lamento preguntar entonces: ¿Quién pagará el bono universal?. Suponiendo que algunos estados logren cobrar impuestos a las incipientes industrias luego de mucho esfuerzo, nunca daría por hecho que el estadounidense oriundo de Sillicon Valley quiera financiar a un habitante de una región remota del globo. Se agregan además complicaciones como la carrera armamentística derivada de dicha tecnología, como ya se evidencia en la guerra de Ucrania.

Otros vociferarán que estoy excluyendo de mi análisis al gran juez del capitalismo, el cliente. Sin embargo, como bien señala Yuval Harari, nos dirigimos a un mundo donde aumenta la proporción de negociaciones B2B (Business to Business). Tomemos por ejemplo el destino de los fondos destinados al marketing digital. En la época cansada que está terminando, se pagaba a varios formatos de publicidad para canalizar al nuevo público en los distintos tipos de publicidad. Hoy contamos con intermediarios como Google que optimizan la estrategia por nosotros. Utilizando sus enrarecidos algoritmos, éste nuevo dios de la novedad acerca al cliente a un posible brindador de servicios. Las plataformas de streaming como Netflix también funcionan como intermediador entre los artistas y el público. Sin ir más lejos, las grandes webs de e-commerce brindan todo lo que uno necesita, no tiene sentido buscar un local de tecnología cuando puedo comprar directamente en su web. Los grandes compradores de las empresas son por lo general, otras empresas. El poder del voto distribuido de los clientes se debilita, ya que cada vez más delegamos la decisión de compra a un intermediario. Nuestra gran democracia del consumo se verá aún más afectada luego de la caída que se avecina de los ingresos de la clase media. El Capitalismo solo funciona cuando la productividad contempla un aumento del poder adquisitivo y cuando los consumidores pueden castigar con su voto. En esta nueva realidad, no necesariamente se vaya a cumplir dichas condiciones.

He aquí mi profecía.

Lector, independientemente de si comulga con mis preocupaciones, le compartiré en susurros mi estrategia de supervivencia en las nuevas jerarquías. Creo óptimo volverse útil para la sociedad al mediano plazo, buscar actividades bien remuneradas y no confiarse. Estamos tomando velocidad, se aproximan tiempos dinámicos, donde el cambio es la norma. Si nuestros reflejos para adaptarnos a las nuevas necesidades fallan, nos veremos sumidos en la irrelevancia más absoluta, dinamitando nuestra capacidad de entregar valor y, por lo tanto, de ganar dinero para sustentarnos.

Normalmente se asevera que la universidad es una inversión. Que el conocimiento es una herramienta que paga con creces el dinero utilizado en educación. Dado los nuevos avances, no estaría tan seguro. Las universidades son lentas para obtener conocimiento y adaptarlo rápidamente a programas de estudio. Cuando se enseña un tema, posiblemente sea un conocimiento de años de antigüedad debido a los tiempos de formación docente. Adicionalmente, siempre toma un carácter general debido a los tiempos de aprendizaje limitados de los humanos y la poca personalización que requiere una clase multipersonal. Más bien, diría que un aprendiz reciente no tiene certeza que su profesión siga existiendo el año próximo. La herramienta que aprendemos en la academia ya es obsoleta y nosotros somos una versión mediocre de una computadora. Nuestra capacidad de actualizarnos es irrisoria y nuestro costo por byte de procesamiento, es aún más patético. Nuestra flexibilidad es el último bastión que ya mismo está amenazado. Nuestro futuro no yace en servir a otros, la optimización terminó por catalogar al humano como algo superable. Los algoritmos se encargaron de poner delante nuestro un espejo. Al principio el reflejo nos dio gracia. Todavía recuerdo a los artistas digitales comentar irónicamente entre risotadas las proezas de la ingeniería informática. Se tardó solo ocho meses en transformar esos comentarios humorísticos hacia la negación, la ira y la protesta. Contemplamos en un espejo nuestra propia obsolescencia, solo nos queda salir de la caverna e intentar posicionarnos rápido antes de que el anfiteatro se llene. Debemos adoptar otro marco de pensamiento. El trabajo humano está retrocediendo. En vez de ser quienes resuelvan los problemas, debemos transicionar a poseer aquello que resuelve el problema.

La cantidad que podamos ahorrar en estos últimos metros de carrera deben estar orientados a la obtención de activos. Es nuestro menester construir un arca para nosotros y nuestros seres queridos. Si el margen de las empresas aumenta al deshacerse de los costosos empleados, escenario que ya estamos viviendo con los despidos masivos, la rentabilidad de dichas organizaciones va a aumentar rápidamente en el futuro. A medida que estos emprendimientos y corporaciones adopten las nuevas tecnologías, podrán alcanzar nuevas alturas. Significa que, si utilizamos el dinero para adquirir activos, nuestros ingresos pasivos aumentarán desproporcionadamente. Dicho de otra forma, el traductor especializado en ruso perderá su empleo. En cambio, los títulos de propiedad no son tan remplazables. Quien tenga un galpón para alquilar o acciones de algún laboratorio, experimentará una entrada creciente de dinero.

Quien sabe, quizás en esta incipiente jerarquía, el mundo pertenecerá a los pequeños inversores y poco a poco contemplaremos la extinción del trabajo calificado. Aquél que llegó a la misma conclusión lógica, buscará transformar su rol de empleado a uno de propietario.