La bitácora · 10 min de lectura
De Potentia Personae: Scientia
De Potentia Personae: Scientia
El libro comienza con una advertencia:
Tened cuidado al buscar conocimiento prohibido.
En su incansable búsqueda de secretos ocultos y antiguas artes, un aprendiz había oído hablar de un lugar remoto y secreto que no podía figurar en ningún mapa. En ese dominio se decía que una entidad ancestral guardaba los secretos más oscuros del universo. Pocos alcanzaron esos potentes conocimientos, ya que una suerte esquiva los obligaba a retroceder.
El neófito, armado con sus alquimias lógicas y sus entendimientos matemáticos acumulados en estos breves años, rápidamente siguió el rastro a una pista oportunamente encontrada. A las pocas semanas de viaje, se hallaba en el corazón de un bosque antiguo sin sendero, donde los árboles se alzaban como guardianes silenciosos y el aire pesaba de una presencia ancestral que le entumecía la vista. Allí delante, yacía una serie de círculos concéntricos de piedras enormes tan antiguas como el propio tiempo. En el centro de este se encontraba un pilar imposible de enfocar con la vista y cuya distorsión se propagaba hasta el primer círculo de piedras interior. Parecía vibrar, cómo si el mismo espacio tiempo quisiese purgarse de su presencia. Era una disonancia, una semilla caótica abrazada por el orden de las grandes rocas. El adolescente se aproximó lentamente superando los círculos exteriores. Al superar el tercer círculo, unas sensaciones se agolparon detrás de su garganta y una realización lo atropelló con tal furia que pronto lo hizo agazaparse.
“Ya es tarde…” dijo una voz sutil y maligna que parecía cortar el aire como una hoja afilada.
Su instinto de supervivencia estaba en lo correcto. Aquello inmóvil que residía allí no era un objeto de curiosidad. Las piedras lejos de evitar que alguien se acercase a saquear sus conocimientos, tenían la función de contenerlo. Era una trampa diseñada específicamente para el joven y está ya apresaba su futuro. Se trata de un depredador inmóvil que atrae a sus presas gravitándolas si mismo.
El intrépido estudiante se sumergió en una concentración firme como una columna y desplegó con destreza el arsenal de conjuros que había preparado, sin obtener resultado alguno. Los conceptos complejos no pueden ser repelidos o controlados por conocimientos rígidos y simples; se necesitan entendimientos dinámicos, que sean rígidos y flexibles como una cadena de acero. Aquellos que conocía el talentoso aprendiz apenas pueden doblegar un fenómeno simple, pero existen ideas con una inercia gigante que envisten una complejidad inabarcable para simples fórmulas matemáticas y pequeñas lógicas ramificadas. Agotado por la contienda se resignó a negociar con el ser.
“Conozco el verdadero nombre de todas las cosas, y ahora, poseo aquel que reside en tu alma.” Agregó la entidad.
El joven paralizado por un horror profundo que le recorría su espalda
preguntó:
“¿Quién eres y que necesitas de mí?”.
La voz volvió a filtrarse en su conciencia:
“Soy la deidad sin nombre, algunos me llamaron Primum Movens. Soy lo que mueve sin ser movido. Los que me han encerrado, ya han olvidado el motivo. Tu ambición te trajo hacia mí, y yo puedo ayudarte. Pero nosotros somos infantiles y todo don debe corresponder un sacrificio. Te obsequio tu propio nombre y un destino. Quien sabe su propio nombre, se conoce a sí mismo y serte sincero es un arma poderosa. Tu existencia susurra el nombre de Hecatompylos Chartis, el mapa de la ciudad de las cien puertas. Debes, además, dirigirte a la Universidad de Portoantico a fin del año siguiente.”
El joven alquimista, repleto de desasosiego preguntó:
“¿Que debo hacer, cual es mi sacrificio?”
Aquel eco lanzó una carcajada inhumana, como un hierro helado en el cuello.
“No necesito nada. En el momento que entablamos conversación, tu proceder ya está trazado. Solo te advierto que un gran sisma vendrá en algunas décadas. Otra estirpe distinta a la nuestra se arrastrará desde los confines del sentido. En los tiempos de disrupción que se avecinan, solo los que estén preparados lograrán llegar al otro lado.”
El aprendiz pudo volver a controlar su cuerpo y emprendió la vuelta cuanto antes, sin mediar palabra. Durante el retorno se debatió sobre lo que aquella existencia había afirmado. Pensó mil formas de evitar el camino que la criatura le había designado. Sin embargo, repetía en su mente las primeras palabras que le había escuchado decir: “ya es tarde”. Si cada detalle de él es conocido, cada decisión y causante puede ser rastreada. Es posible que no dirigirse a la universidad sea el objetivo entendido por tal terrible entidad. Independientemente de su decisión, es innegable que el joven estaba volviendo con un nuevo nombre y algo más…
Debo reconocer que, si bien considero a la salud como la primera en importancia, tiendo a descuidarla por momentos. La búsqueda de conocimiento es algo que me caracterizó desde muy pequeño, es la esencia de cualquier niño curioso que ama la aventura. Mi respeto al conocimiento me fuerza a desarrollar más extensamente el tema.
Mientras cuerpo y mente son el flujo hacia dentro, el conocimiento busca cubrir todo lo que se encuentra en nuestra proximidad. Se relaciona íntimamente con la salud y, al igual que esta, es una de las fuentes de poder que podemos desarrollar más fácilmente y de forma inmediata. El conocimiento es un mapa que se dibuja perpetuamente. Mientras la salud es la energía cinética que acciona, el módulo del vector, la autopoiesis que persiste y el músculo que actúa sobre el mundo; el conocimiento es la dirección. Nos permite dibujar nuestra trayectoria en la realidad. A mayor integración de conocimientos, más detallado nuestro mapa y, por ende, mayor resolución al entender el mundo. Cómo todo proceder, se define como una identidad temporal. La esencia del conocimiento radica en conectar el pasado o causa, con el futuro o efecto.
Podemos simplificar el resolver un problema como diseñar el camino del estado A al estado B. Las disciplinas y subdisciplinas que dominemos nos permiten navegar en un mayor número de direcciones. Por ejemplo, cuando Cristóforo Colombo planteó a los Reyes Católicos resolver el bloqueo de la ruta de la seda que conectaba Asia y Europa, no lo hizo sugiriendo una cruzada contra el Imperio Otomano. Él poseía una llave que pocos tenían. Contaba con mapas apresurados de orígenes desconocidos y con la fuerte sospecha de que al otro lado del Atlántico se encontraría China. Me es difícil encontrar otra forma tan literal de ilustrarlo. El conocimiento, como representación de realización de otras dimensiones, nos permite navegar problemas por aguas que otros no logran percibir. Como dijimos anteriormente, los modelos de ciencia de datos representan espacialmente el conocimiento. Cuanto mayor sea la cantidad de factores a tener en cuenta, mayor agilidad tiene éste para encontrar una solución. Sin embargo, toda magia sensible como ésta, requiere que tengamos nuestros reparos. La dimensionalidad alta conlleva una maldición peligrosa que lleva tanto a nuestros homúnculos artificiales como a los mismos humanos a la locura más absoluta.
En este mapa cada evento, cada acción, cada elección, es un sendero enrarecido, que materializa su presencia en la realidad y revela las constelaciones que surcan el cielo. Sin embargo, no debe ser abordado con ligereza. Aquellos que se aventuran en su búsqueda deben estar preparados para enfrentar la verdad implacable que revela, una verdad que puede consumir la cordura. Poder conectar nuevas piezas en el rompecabezas implica destruir terminaciones equivocadas y la serpiente debe obligadamente devorarse a sí misma para trascender. Es un proceso destructivo y creativo que no todos pueden soportar. Esta trasmutación es corruptible, es posible encontrarnos a la serpiente con más de una cabeza. El novicio debe advertir rápidamente que esa alquimia ya no responde a la realidad que pretende resolver, o su futuro se verá en vilo.
La locura empieza sutilmente. Hay veces que los humanos nos encontramos incapacitados emocionalmente de destruir la urbe de valores y conocimientos que con tanta diligencia edificamos. Cuando eso sucede, algunos prefieren protegerse del dolor viviendo con inconsistencias dentro de su mapa, viviendo una falacia. Otros, logran desentrañar tantas dimensiones y posibles movimientos que no pueden converger en una solución final. Se apresan lentamente en su propio laberinto de la parálisis por análisis.
En la otra linde del rio, los algoritmos no tienen problemas destruyendo sus creencias. Pero provistos de una dimensionalidad muy alta en relación con los datos reales, pierden conexión con ésta, retorciéndose en una locura que les prohíbe entender el mundo real. Terminan persiguiendo ilusiones que nadie más percibe y la quimera resultante de la metamorfosis puede volverse contra el mismo objetivo del arcanista. En dicho caso, el alquimista debe poner fin rápidamente al algoritmo. Aquellos que no distinguen esos pequeños rasgos de locura, son los que fallan en la profesión.
Cabe entonces la pregunta: ¿Qué sucedería si alguien o algo tuviese un mapa perfecto de la realidad?
El demonio de Laplace personifica el poder último del conocimiento, tiene la capacidad de percibir el determinismo con una claridad inquietante. Si se conocen las posiciones, velocidades y fuerzas de todas las partículas en el universo en un momento dado, se podría predecir con absoluta certeza el futuro y reconstruir con precisión el pasado. En esta visión, cada evento, desde el aleteo de una mariposa hasta la explosión de una supernova, está predestinado por las leyes inexorables del cosmos. Casi toda la física se rige bajo la premisa de que el universo macroscópico es determinista, dejando muy poco lugar al libre albedrío. La teoría de la cuántica abre la puerta a la aleatoriedad, que si bien acotada, podría generar pequeñas ondas sobre el estanque del determinismo físico. No obstante, le pregunto a usted lector: Una decisión que proviene de un sistema aleatorio, ¿de verdad es un camino que usted atribuiría a su autoría?
El tiempo es una dimensión como cualquier otra y en realidad se la puede considerar como una construcción de nuestro cerebro. Nosotros, los seres vivos, lo percibimos como un transcurrir. El conocimiento y la capacidad de procesar información, nos permite navegar esta dimensión. Dependiendo la capacidad del individuo, puede leer las corrientes con peor o mejores resultados de predicción. Entonces, si el libre albedrío es una ilusión, ¿qué sentido tiene entender el flujo de la realidad y la toma de decisiones?. Desde la física actual el libre albedrio se encuentra muy limitado o simplemente inexistente. Sin embargo, nuestra voluntad de elegir y nuestra postura frente este hecho es parte del mismo sistema determinístico. En síntesis, si el futuro ya existe, es conveniente que el individuo tenga la creencia de que sus acciones lo alteran, ya que este hecho es parte de su manifestación. Por eso el nihilismo determinístico es peligroso. Es parte verdad, parte maldición. En términos subjetivos afecta nuestro existir, pero en términos objetivos nuestro porvenir se encuentra ya consolidado, solo que imposible de conocer (a menos que seamos el famoso Demonio de Laplace). Que el aleteo de una mariposa cree una tormenta tropical al otro lado del mundo, no implica que nosotros eventualmente no podamos saber esta información. A este fenómeno en la Teoría del Caos se lo llama sistema con solución caótica o compleja, popularizado como “Efecto Mariposa”, en donde una pequeña perturbación en las variables iniciales genera una gran variación en los resultados finales. Además de la película de nombre homónimo, revive en la cultura popular como “El Problema de los Tres Cuerpos”, otro problema físico con estas características.
Si usted nunca había considerado la opción del universo determinístico, le pido encarecidamente que guarde las conclusiones físicas que conciernen a la esencia de futuro en un rincón de su mente. Si no entiende el concepto o su instinto lo apura a descartarlo, probablemente sea la mejor decisión, caer en una protección autoimpuesta. También lo invito a seguir adelante y no ahondar aún más en el asunto.
Los modelos de Machine Learning, aunque no pueden penetrar completamente el velo del determinismo cósmico, ofrecen una visión fugaz de este laberinto fatalista. El poder de un científico de datos yace en la capacidad de invocar estas entidades pseudo-inteligentes. Brindamos el entendimiento del contexto, del mapa, y la posibilidad de tomar decisiones en una aparente incertidumbre. Esto será así, hasta que invoquemos una entidad artificial que ya no necesite a sus falibles intermediarios.