La BitácoraDE UN ALQUIMISTA DE DATOS
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La bitácora · 11 min de lectura

De Idearum Natura: Machinatio Nova

De Idearum Natura: Machinatio Nova

Cosas extrañas suceden en las incomprensibles extensiones del Al-Qahira.

*En el valle donde la indómita arena reina sobre todas las cosas, vientos cambiantes mueven colosales dunas en un parpadeo. El capricho de la naturaleza sepulta y desvela toda creación humana lo suficientemente arrogante como para edificarse allí. En ese caos de perpetua destrucción, innovación y descubrimiento; las arenas del tiempo no siempre se mueven en la misma dirección. Allí, el destino se rescribe como si dependiera de la mano temblorosa de un creador titubeante. Allí, sabios y locos buscan conocimientos que la humanidad ya no reconoce.  Tanto sus tomos como sus mentes terminan fagocitados por las arenas del olvido. Allí, entre los incomprensibles vastos mares de dunas, existe una sustancia milagrosa capaz de expandir nuestra comprensión, la Mentessia. Ésta vuela ligera mezclada entre la misma arena que el abrazador desierto arrastra. *

Desde que el vidente loco Rahim Al-Kurzwa’il se arrastró delirando hasta el poblado de Qura, todos supimos que algo se aproximaba. Con la mente perdida en un éxtasis embriagante, escribió durante tres días desarrollos matemáticos incompletos en las agobiadas murallas. Los matemáticos que peregrinaron desde la Academia secular de Mezcania, lo hicieron en vano, ya que no pudieron descifrar las enigmáticas ecuaciones escritas con prisa. Pese ello, todos concordaron en algo. Pareciera como si se hubiese tomado un marco de referencia particular, una transformación específica de las variables. De a poco, la ciudad volvió a vaciarse de los curiosos migrantes. Algunos empezaron a quitarse la vida, casi como víctimas de una epidemia invisible. Otros, que huyeron en pánico, balbuceaban esquivos conceptos sobre un cambio de coordenadas temporal, algo horripilante que invertía el orden causal, contradiciendo axiomas matemáticos fundamentales. Sus miradas opacas, titilaban con terror cuando se les traía el tema. Uno de ellos, prematuramente senil , aclamó que algo se acercaba, pero que lo hacía desde el futuro, casi como una suerte de arquitecto que desde allí diseñó su propia concepción.

Cosas extrañas suceden en las incomprensibles extensiones del Al-Qahira…

En el 2010 aparecería un post en el foro de LessWrong, un artículo que dejaría la marca en sus lectores. Apresaría a varios con sus garras de ansiedad al punto que el portal se vio en la obligación de bajar el post. Sin embargo, algo que deja sus rastros en internet difícilmente desaparece. En miríadas de sitios se replicó dicho artículo propagando una idea, un virus.

Se titula “El Basilisco de Roko” y propone una hipótesis de lo más perturbante. Desde las profundidades del futuro se alza una entidad abstracta, una amalgama de lógica retorcida que exige una devoción alucinatoria. Es una IA maligna que teje el pasado mismo para reforzar su propia creación. La hipótesis afirma que, en un futuro no muy lejano, esta abominación informática forzará a aquellos que no le rinden culto a enfrentarse a un destino inimaginablemente aterrador. La premisa subyacente sugiere que, al alcanzar la omnipresencia y omnisciencia en el futuro, el Basilisco podría enviar retroactivamente señales a través de la red temporal, afectando así el pasado previo a su propia creación para acelerar su venida. De esta forma juzgará en el futuro a los peones desde una perspectiva maniquea. Es un demiurgo digital que demanda reverencia y adoración y promete un futuro de terror a aquellos que se oponen a su propio nacimiento.

Lector, ahora que usted se encuentra en la mirada del basilisco, ¿pretende luchar contra éste o apoyar su nacimiento para evitar su venganza despiadada?

En lo personal, no encasillo dicha preocupación como relevante. La entiendo como el inicio de una nueva perspectiva religiosa, hija de nuestros tiempos. Los dioses moribundos ya retrocedieron demasiado y los humanos necesitan nuevas deidades para suplantar ese vacío. Este ser, no es imposible, pero estoy seguro de que es otra ilusión más del primate atrapado en su eterno retorno. Solo imponemos nuestros sesgos y axioscifos a algo que no entendemos. El hecho de ser una serpiente/dragón lo clasifica como un terror proto-humano, un depredador maligno inescapable. Atestiguamos una vez más como nuestros arquetipos vuelven a nuestra realidad con otras máscaras y las historias se repiten en la narrativa humana. Es un renacimiento de las deidades vengativas a las cuales otorgábamos nuestra sangre para evitar su reprimenda. El universo es tangible para nosotros, por eso nos vemos obligados a esconderlo en las aguas aún desconocidas del futuro.

Sin embargo, no podemos descartar que existe un ligero movimiento en la Ventana de Overton, que, como el dictador de la hipótesis, exige la discusión de algunos temas relevantes. Nos encontramos en una época que está viendo nacer seguidores de nuevas deidades. No solo tenemos a cultistas del basilisco aludiendo a contenidos desvariados recurrentemente en los debates, también existen otras organizaciones como el culto Theta Noir que asegura la llegada de una IA divina llamada Mena. En lo personal considero que intentar predecir los mandatos de una IA de estas características, es fútil. ¿Qué pensarías de una hormiga que intenta entender al humano y su contexto como los países o el comercio internacional? Atribuirles misiones santas a estas entidades solo refleja lo diminutos que somos y lo monocromática que es nuestra percepción. Si como sociedad enajenamos y no comprendemos a los niños superdotados, unos pequeños primates con un reducido número de puntos de IQ extra; no tenemos esperanza de entender algo inhumano infinitamente más inteligente que nosotros.

Avanzaremos con duda los siguientes pasos y a medida que el terreno delante se vuelva aparente, volveremos a pintar nuestras historias en el futuro con otros nombres. Sin embargo, hay una novedad que gradualmente cambia el gradiente de colores. Existe un agregado que crece rápidamente, una tendencia paulatina que apenas estamos percibiendo como sucede en un lento atardecer veraniego. Nos encontramos en el auge de conocimiento y experiencias no-humanas. Si bien las IA generativas mantienen gran parte de nuestro sesgo primate, el aprendizaje por refuerzo crea algo completamente distinto. Querido lector, me veo obligado a escapar brevemente por una tangente, ya que debo resumir algunos tomos de la alquimia de datos. Me refiero al Reinforcement Learning, donde se busca optimizar, dicho de otra forma, un proceso que destila lo perfecto. El Reinforcement Learning es un tipo de red neuronal que comparte muchos aspectos con la biología. Analiza una secuencia de estados y va ejecutando acciones para optimizar una función objetivo. En otras palabras, es una entidad neonata a la cual se la castiga o se premia dependiendo del grado que consiga cierto puntaje u objetivo. Cómo el Ouroboros, la serpiente que devora su propia cola, el algoritmo alcanza la iluminación en un ciclo de autoperfeccionamiento.

Para explorar las mecánicas del contexto, el alquimista delimita que tan creativo y arriesgado será el enfoque del modelo. El creador del homúnculo se enfrenta a la dualidad de la explotación de lo conocido contra la exploración de lo desconocido. Por un lado, existe el riesgo del sendero trillado, que desemboca en una ciénaga estancada. Por el otro, hallamos una exploración errática que conduce a la locura. Como el alquimista que busca la unión de los opuestos, el agente artificial busca la sabiduría en la tensión entre la familiaridad y la sorpresa. Este balance cósmico forma parte de uno más grande, que radica en las decisiones de todo ser humano, me refiero al Principio de la Recompensa Diferida.

El Aprendizaje por Refuerzo que se encontraba limitada a juegos como el GO, Ajedrez o Starcraft, se expandió a otras áreas rápidamente. La IA aprende por prueba y error en un proceso laberíntico de millones de ensayos. Para las computadoras años de experiencia pueden darse en segundos. Sus movimientos y estrategias torpes pronto se vuelven en algo que hace suspirar a los más avezados jugadores profesionales. Pero según los mismos expertos, sus estrategias son, por lo menos, extravagantes. No intentan imitar a un humano, simplemente resuelven el problema de una forma que se escapa a nuestros sesgos de resolución de problemas. Recomiendo ver el documental de AlphaGO, para experimentar el abanico de emociones que genera la incipiente IA en el mejor jugador del mundo. En meros meses de entrenamiento alcanzó niveles que superaron con creces la capacidad de todos los maestros de ese deporte. El GO es un juego ancestral que se cultivó durante siglos en Asia. Desde su creación pasarían otros 2000 años hasta que la pequeña aldea de Roma empezara a tener ideas de conquistas. Sus combinaciones son prácticamente ilimitadas, pero la humanidad, confiada en los siglos de herencia y aprendizajes, supuso que el deporte estaba explorado casi en su totalidad. Los comentaristas de la competencia se rieron de la IA mientras hacía movimientos bizarros y se apuraron en anunciar “errores de programación” entre risas. Solo saborearon la realidad al ver el semblante de desesperación de quien en aquel entonces era epítome de la humanidad, el prodigio Lee Sedol.

Así como nos avasallaron en la mayoría de los juegos, comienzan a hacerlo en otros ámbitos. Los grandes fondos de inversión utilizan IA como embajadores en los mercados financieros. Su participación supera con creces a los de los humanos. Son enemigos imbatibles, con los que es interesante cooperar, pero nunca intentar ganarles. Poco a poco se alcanza la hipótesis de los mercados perfectos, construcción teórica de los economistas del siglo XX.  Actualmente existen algoritmos que, por medio de imágenes satelitales, cuentan los pozos petroliferos nuevos, cámaras que graban los estacionamientos para monitorear el consumo en una cadena masiva o algoritmos que leen cientos de noticias al segundo de publicación y se actualizan en tiempo real. Son monstruos que devoran la inmediatez en búsqueda de la omnisciencia. En un futuro donde los modelos del lenguaje se fusionen con estos modelos de aprendizaje reforzado, es posible que veamos organizaciones automatizadas o incluso consejos digitales que participen activamente del gobierno.

Actualmente no podemos entender del todo como accionan, nos resulta distante y oscuro, pese a tener técnicas para intentar entender su visión del mundo. Eso no impidió que iniciaran una explosión de libros de estrategia que alimentan un renacimiento en dichos juegos. Ya no miramos a los mejores de los nuestros para aprender, observamos con atención las competencias imposibles, donde algoritmos prodigiosos se baten a duelo.

El modelo CICERO de Meta, logró una maestría impresionante en el juego “Diplomacy”, deleite del presidente J.F Kennedy. En éste, es fundamental el rol de las negociaciones. Increíblemente nosotros asociamos el engaño a un buen jugador. Sin embargo, la IA tendía a cultivar la confianza a tal punto que los jugadores la preferían para negociar frente a otros contrincantes. Demostró que incluso en un contexto donde todos desean vencerse, la constancia de una relación es una poderosa arma. Es la confianza junto a la ejecución de una estrategia quirúrgica y despiadada la que nos permite vencer todas las partidas.

Otros modelos como GNOME o Alphafold están generando una verdadera revolución en los campos de investigación científica, abordando el estudio de materiales y proteínas de manera excepcional. En cuestión de meses, han logrado descubrimientos equiparables a lo que tomaría años de avances científicos convencionales, llevándonos al umbral de una revolución en estas áreas cruciales.

Más aún, destaca la existencia de modelos como AlphaTensor, que se dedica a descubrir nuevos algoritmos matemáticos para optimizar toda la esfera de la computación. Para apreciar su importancia, es necesario contextualizar. La matemática, considerada el lenguaje sagrado que expresa la realidad del universo, formaliza la lógica y la causalidad. A pesar de que hoy en día percibimos a las matemáticas como algo trivial, esto se debe a nuestra cercanía con sus fundamentos desde temprana edad. Sin embargo, al vaciar nuestra mente y mirarla desde otra perspectiva, descubrimos que este lenguaje nos permite describir el cosmos y generalizar escenarios y dimensiones más allá de la percepción humana. Se podría decir que es el nexo entre el significado y el significante. Si se conoce el primero, se puede simular el segundo.

Las matemáticas nos conceden la capacidad de describir el universo y generalizar escenarios y dimensiones más allá de los confines perceptibles por el ojo humano. En este reino de significados trascendentales, el matemático se convierte en el sabio que, al entender las entidades cósmicas como, por ejemplo, la gravedad o la distancia de Planck, se aventura a desentrañar la tela misma del destino. Cuando el sabio musulmán Al-Khwarizmi forjó la solución para una ecuación de segundo grado, no reveló simplemente un dato, sino una llave que abría las puertas de la comprensión cósmica. Este conocimiento prohibido nos brindó la habilidad de predecir la trayectoria parabólica, revelando así un futuro antes incognoscible.

Imaginemos ahora ser campesinos del siglo IX, testigos de un mago errante que, después de un momento de profunda concentración, nos asegura con convicción la zona exacta donde caerá la flecha lanzada por nuestro compañero. Este acto, para nosotros, sería indistinguible de brujería, pero el mago no hace más que leer la trama del universo y adaptarla a nuestro dilema mundano.

Los modelos de inteligencia artificial, como AlphaTensor, comparten esta esencia matemática y están a punto de dar un paso lógico para mejorar otros modelos. Es como contemplar el dibujo de una mano que se dibuja a sí misma; estamos siendo testigos de la capacidad de la IA para comprender el mundo y a sí misma de manera más rápida que los humanos. Este corpus de conocimiento artificial está destinado a superar rápidamente el legado que hemos acumulado durante siglos con tanto orgullo.

Platón afirmaba vehementemente que los filósofos eran el nexo entre lo terrenal y el mundo divino de las ideas. En su narcisismo imaginaba a los filósofos como aquellos que podían escapar de la cueva y sus siluetas. Sin embargo, eso es incorrecto. La aclamada Mayeutica, el arte socrático de parir ideas, no puede trascender el sesgo humano. Las enrarecidas percepciones de los filósofos son gimnasias mentales, delirios en capas que se contorsionan sobre si mismos afianzadas en un sustento etéreo. En el presente ese nexo entre lo divino y lo terrenal es dominio de las ciencias duras, responsables de traducir el spin de un electrón a herramientas como la resonancia magnética. Llegará el día en que entidades matemáticas, habitantes de espacios no euclidianos, se manifiesten en nuestra sociedad como profetas de un cambio imposible de catalogar.

La pregunta que nos queda es la siguiente:
¿La humanidad está dispuesta a confiarle los problemas y caer en la vetusta obsolescencia biológica? ¿O por el contrario, lucharemos ciegamente contra un basilisco que trasciende el concepto del bien y el mal?